Adentrándonos a los inicios del terror como recurso artístico

Desde siempre, las películas han arrancado gritos de terror a los espectadores, es más, el género de terror es el más antiguo de la historia. Sin embargo, la forma de hacer asustar al público ha cambiado con los años. De los vampiros a los monstruos hemos pasado a los asesinos en serie con máscara. ¿Sabes cómo se asustaba al público de otros tiempos?

La primera emoción que produjo el cine fue miedo. Era 1896 en la cinematográfica Francia y las personas no estaban acostumbradas a ver imágenes en movimiento dentro de una pantalla. Aun así, dos hermanos de apellido Lumière anunciaban el estreno de la cinta “L’arrivée d’un train à la ciotat”, que se traduce al español como “Llegada del tren a la estación de La Ciotat”.

La novedad siempre atrae a las masas y por eso muchas personas fueron a mirar esa película, la primera de la historia. Cuando los asistentes vieron en la pantalla que un tren aparecía en la toma y se iba aproximando hacia ellos, comenzaron los gritos, los sobresaltos, el terror. Sintieron miedo y casi todos huyeron despavoridos. Nadie estaba preparado para sentir cómo un tren se le iba acercando poco a poco hasta atropellarlo. De esa forma nacería, casi como una casualidad, la regla más importante del cine de terror: haz que los espectadores se sientan amenazados por lo que ven en la pantalla.

En la literatura, los orígenes de este género se remontan a mediados del siglo XIX, cuando algunos escritores que se habían caracterizado por pertenecer a la vertiente del romanticismo escribieron algunos relatos de corte gótico. Gustavo Adolfo Bécquer y Edgar Allan Poe fueron dos de ellos. De hecho, El gato negro, de Poe, se convirtió en uno de los símbolos del cuento de horror.

Sin embargo, no fue hasta el 1910 que se realizó el primer film con intenciones claras de asustar al público. Se trató de una producción dirigida por el estadounidense J. Searle Dawley para los Edison Studios y que contaba, en blanco y negro, la historia de Frankenstein. La película era rudimentaria, apelaba a los claroscuros y a los primeros planos del monstruo. No había sonido directo, como todos los largometrajes de la época, pero la música de acompañamiento encerraba al espectador en un mundo de espanto. No solo inauguró un nuevo género del cine, el terror, sino que también comenzó a sentar las bases de los recursos que se podrían usar en la ficción.

En la década de 1920, cuando las películas de Charles Chaplin era las más exitosas de la industria, un grupo de cineastas de Alemania decidieron separase lo más posible del humor y hacer films que hicieran morir de miedo al público. Wilhelm Murnau, Paul Wegner y Robert Wiene son esos directores que poco a poco consolidaron una estética de horror y fundaron el género del expresionismo alemán.

La producción más representativa de esa escuela es Nosferatu, de Murnau, y está basada en la novela Drácula, de Bram Stoker. El director no pudo utilizar el argumento ni a los personajes del libro porque la viuda del escritor no le quiso ceder los derechos. Pero Murnau, muy apegado al suspenso, no dio marcha atrás e hizo su propia versión del vampiro demoniaco.

Miran la evolución de la fantasía heroica en la literatura

Aventuras llenas de criaturas fantásticas, duendes y dragones, doncellas en peligro y brujas despiadadas, valientes héroes y poderosos magos. Estos, y muchos otros elementos similares, son característicos de la fantasía heroica, un género que ha recobrado popularidad gracias a la serie televisiva “Game of Thrones”, conocida en países de habla hispana como “Juego de Tronos”. La cual se ha convertido en un éxito alrededor del mundo, creando nuevos fanáticos y seguidores de este tipo de libros.

La fantasía heroica, también conocida como fantasía épica, es parte de un género artístico donde se exploran principalmente aspectos que son producto de la imaginación del autor, con argumentos que tienen componentes sobrenaturales. Está presente en distintos ámbitos, como los comics, juegos de rol, cine, videojuegos, y obviamente en la literatura. Se suele decir que es subversiva, dado que transgrede las leyes de la realidad, evitando las representaciones objetivas que respetan, de una u otra forma, la concepción que se tiene del mundo.

Entre sus características principales se encuentra la presencia de criaturas mitológicas o fantásticas, los lugares ficticios de estilo medieval, o aquellos que están basados en civilizaciones atrasadas tecnológicamente, así como muchos componentes donde predomina la magia y las hazañas heroicas.

Un factor en común que tienen las obras de este género en la literatura moderna, es el hecho de que sus protagonistas suelen llevar una existencia normal hasta que un evento determinado, de forma imprevista, cambia totalmente el rumbo de sus vidas. De esa manera, el personaje principal; o varios de ellos como en “El Señor de los Anillos”; se transforma en un héroe, el cual deberá enfrentarse contra todo tipo de enemigos y adversidades.

Ese tono épico suele ser una parte esencial en la mayoría de relatos de fantasía, y tiene sus orígenes en Islandia y los países escandinavos, donde su literatura narraba la historia de precoces protagonistas, como niños o adolescentes, que mostraban rasgos particulares que los diferenciaban de los demás. Esto los motivaba a emprender viajes en busca de aventuras donde pudieran demostrar sus capacidades, encontrando en su camino reliquias mágicas, guerras, armas legendarias, etc.

A partir del siglo XVII, con la obra “Le moyen de Parvenir” del escritor francés François Béroalde de Verville, la fantasía heroica se consolida en la literatura, gracias a varios escritores que fusionaron con gran dinamismo los relatos de aventuras, los cuentos de magia, la mitología y la novela gótica. Luego, a inicios de los años noventa, los libros de este género se convierten en clásicos y baten records de ventas. Su influencia trasciende los medios escritos, y destacan por crear gigantescos mundos llenos de vida, saturados de leyendas y singularidades que dan coherencia a la trama principal. Aparecen autores como J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis, que influyeron en gran medida al género tal como lo conocemos actualmente.

En los últimos años, la fantasía heroica se ha desprendido de varios estereotipos, optando por la igualdad de género e introduciendo la ambigüedad moral. Los protagonistas ya no están necesariamente definidos por cualidades nobles o malignas, ni son siempre audaces o triunfadores. Es así, que series de novelas como “Canción de hielo y fuego” de George R. R. Martin, han logrado cautivar a una nueva generación de lectores.